jueves, 22 de enero de 2015

dialogo pulgarsita

Pulgarcita

Hace muchos años en una lejana ciudad vivía una pequeña, muy pequeña niña llamada Pulgarcita, quién todas las tardes jugaba felizmente en el campo que estaba detrás de su casa bajo el cuidado de sus tres chifladas tías: Chona, Filo y Cleta.
Chona era la mayor de las tías, tenía un muy mal carácter, siempre  estaba alterada y no dejaba nunca su taza de café cargado. Filo sin embargo era muy alegre y cariñosa y no había cosa que la hiciera más feliz que jugar a las muñecas con la pequeña Pulgarcita. La última de las tías  era Cleta, una mujer de mediana edad que siempre tejía y tejía cobijas para la pequeña niña, ella era la que siempre estaba al pendiente de los cuidados de Pulgarcita.
-Ven querida pulgarcita es hora de tus vitaminas.- Gritó la tía Cleta.
-Oh tía, gracias por cuidar de mí, pero por más vitaminas que tomo no he podido crecer- Contestó tristemente pulgarcita.
-Pero mi pequeña ¿Para qué quieres crecer?- Preguntó su tía Filo.
-Es sólo que deseo alcanzar a todos mis compañeros de la escuela- Contestó pulgarcita.
Un día Chona como de costumbre, sentada en la mecedora con su taza de café oyó a lo lejos que la pequeña gritaba desesperadamente.
-Auxilio, ayuda, por favor ayuda- Gritaba pulgarcita.
-Filo, Cleta, vengan, corran la niña necesita ayuda- Gritaba Chona a sus hermanas cuando aventó su taza de café.
Rápidamente salieron sus tías de la casa, corriendo y tropezando hacia el campo en busca de la pequeña pulgarcita. Después de un largo camino lograron identificar que la voz de pulgarcita cada vez era más débil pues la pobre pequeña se empezaba a hundir en unas arenas movedizas.
Al ver esta escena Cleta apresuradamente lanzó una cuerda a la pequeña.
-¡Pulgarcita! Sujeta la cuerda fuertemente con ambas manos- Gritaba Cleta con mucha desesperación.
Después de un rato de esfuerzo sacaron a Pulgarcita de las arenas movedizas y regresaron de inmediato a casa y le dieron un buen baño de burbujas a la pequeña, quien se sentía muy atemorizada.
El tiempo transcurría y un buen día Pulgarcita preguntó a sus tías:
-Tías, han pasado varios años, ¿qué ha pasado con mis padres? Estoy ansiosa por conocer la respuesta.
-Hace muchos años -Respondió Filo- tus padres sufrieron una maldición por una malvada bruja de los adentros del campo, es por ello pequeña que desde aquel día nosotras te hemos cuidado.
Pulgarcita se sentía confundida y triste y hubiera hecho, en ese momento cualquier cosa por recuperar a sus padres, por desgracia no podía y a la pobre no le quedaba más que llorar día y noche sentada en un sillón del sótano de la casa.
-No puedes continuar así pequeña, llorando día y noche no tendrás a tus padres de vuelta.- Dijo Filo mientras abrazaba a Pulgarcita que aunque seguía siendo pequeña de tamaño ya estaba por cumplir 15 años.
En un instante pulgarcita reflexionó con las palabras que le había dicho su tía y dando un gran suspiro dijo:
-Gracias tía, tus palabras son muy ciertas, debo seguir adelante en busca de mi felicidad.
Y dándose un gran abrazo las dos salieron del sótano a disfrutar de aquella hermosa tarde de verano.
Sentadas tanto las tías como Pulgarcita y bebiendo una deliciosa limonada, Cleta preguntó a la pequeña qué era lo que pensaba de tener una gran fiesta de 15 años rodeada con sus amigas de la escuela, con quienes hace un tiempo no convivía.
-Es una excelente idea tía, me encantaría reunir a mis amigas y tener una gran fiesta.- Respondió Pulgarcita con un entusiasmo sin igual, mientras se imaginaba lo bonita que se vería en su fiesta con un hermoso vestido fabricado por su tía Chona que aunque no dejaba su taza de café era excelente con las habilidades de costura.
Una tarde Filo y Cleta comentaban acerca de los preparativos para la gran celebración.
-Será un día estupendo- Dijo Cleta con una gran sonrisa.
-Sí, y nuestra pequeña lucirá muy bella; el vestido que Chona le realiza es tan hermoso que parece hecho por ángeles- Afirmó Filo.
El tiempo transcurrió rápidamente y por fin fue la gran fiesta de la pequeña Pulgarcita. En la celebración,  chicos y grandes disfrutaron de la fiesta y de un buen festín preparado especialmente al gusto de Pulgarcita.
Al final de la fiesta parecía que las festejadas eran sus tías pues para ellas el mejor regalo era ver a la pequeña Pulgarcita tan feliz.
-Gracias tías- Dijo Pulgarcita muy emocionada y con lágrimas en los ojos.
-No tienes nada que agradecer- Contestaron al unísono.
Y dándose un gran abrazo las cuatro entraron a casa para dar por terminada la hermosa fiesta de la pequeña Pulgarcita


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