Pulgarcita
Hace muchos años en
una lejana ciudad vivía una pequeña, muy pequeña niña llamada Pulgarcita, quién
todas las tardes jugaba felizmente en el campo que estaba detrás de su casa
bajo el cuidado de sus tres chifladas tías: Chona, Filo y Cleta.
Chona era la mayor
de las tías, tenía un muy mal carácter, siempre
estaba alterada y no dejaba nunca su taza de café cargado. Filo sin
embargo era muy alegre y cariñosa y no había cosa que la hiciera más feliz que
jugar a las muñecas con la pequeña Pulgarcita. La última de las tías era Cleta, una mujer de mediana edad que
siempre tejía y tejía cobijas para la pequeña niña, ella era la que siempre
estaba al pendiente de los cuidados de Pulgarcita.
-Ven querida
pulgarcita es hora de tus vitaminas.- Gritó la tía Cleta.
-Oh tía, gracias
por cuidar de mí, pero por más vitaminas que tomo no he podido crecer- Contestó
tristemente pulgarcita.
-Pero mi pequeña
¿Para qué quieres crecer?- Preguntó su tía Filo.
-Es sólo que deseo
alcanzar a todos mis compañeros de la escuela- Contestó pulgarcita.
Un día Chona como
de costumbre, sentada en la mecedora con su taza de café oyó a lo lejos que la
pequeña gritaba desesperadamente.
-Auxilio, ayuda,
por favor ayuda- Gritaba pulgarcita.
-Filo, Cleta,
vengan, corran la niña necesita ayuda- Gritaba Chona a sus hermanas cuando
aventó su taza de café.
Rápidamente
salieron sus tías de la casa, corriendo y tropezando hacia el campo en busca de
la pequeña pulgarcita. Después de un largo camino lograron identificar que la
voz de pulgarcita cada vez era más débil pues la pobre pequeña se empezaba a
hundir en unas arenas movedizas.
Al ver esta escena
Cleta apresuradamente lanzó una cuerda a la pequeña.
-¡Pulgarcita!
Sujeta la cuerda fuertemente con ambas manos- Gritaba Cleta con mucha desesperación.
Después de un rato
de esfuerzo sacaron a Pulgarcita de las arenas movedizas y regresaron de
inmediato a casa y le dieron un buen baño de burbujas a la pequeña, quien se
sentía muy atemorizada.
El tiempo
transcurría y un buen día Pulgarcita preguntó a sus tías:
-Tías, han pasado
varios años, ¿qué ha pasado con mis padres? Estoy ansiosa por conocer la
respuesta.
-Hace muchos años
-Respondió Filo- tus padres sufrieron una maldición por una malvada bruja de
los adentros del campo, es por ello pequeña que desde aquel día nosotras te
hemos cuidado.
Pulgarcita se
sentía confundida y triste y hubiera hecho, en ese momento cualquier cosa por
recuperar a sus padres, por desgracia no podía y a la pobre no le quedaba más
que llorar día y noche sentada en un sillón del sótano de la casa.
-No puedes
continuar así pequeña, llorando día y noche no tendrás a tus padres de vuelta.-
Dijo Filo mientras abrazaba a Pulgarcita que aunque seguía siendo pequeña de
tamaño ya estaba por cumplir 15 años.
En un instante pulgarcita
reflexionó con las palabras que le había dicho su tía y dando un gran suspiro
dijo:
-Gracias tía, tus
palabras son muy ciertas, debo seguir adelante en busca de mi felicidad.
Y dándose un gran
abrazo las dos salieron del sótano a disfrutar de aquella hermosa tarde de
verano.
Sentadas tanto las
tías como Pulgarcita y bebiendo una deliciosa limonada, Cleta preguntó a la
pequeña qué era lo que pensaba de tener una gran fiesta de 15 años rodeada con
sus amigas de la escuela, con quienes hace un tiempo no convivía.
-Es una excelente
idea tía, me encantaría reunir a mis amigas y tener una gran fiesta.- Respondió
Pulgarcita con un entusiasmo sin igual, mientras se imaginaba lo bonita que se
vería en su fiesta con un hermoso vestido fabricado por su tía Chona que aunque
no dejaba su taza de café era excelente con las habilidades de costura.
Una tarde Filo y
Cleta comentaban acerca de los preparativos para la gran celebración.
-Será un día
estupendo- Dijo Cleta con una gran sonrisa.
-Sí, y nuestra
pequeña lucirá muy bella; el vestido que Chona le realiza es tan hermoso que
parece hecho por ángeles- Afirmó Filo.
El tiempo
transcurrió rápidamente y por fin fue la gran fiesta de la pequeña Pulgarcita.
En la celebración, chicos y grandes
disfrutaron de la fiesta y de un buen festín preparado especialmente al gusto
de Pulgarcita.
Al final de la
fiesta parecía que las festejadas eran sus tías pues para ellas el mejor regalo
era ver a la pequeña Pulgarcita tan feliz.
-Gracias tías- Dijo
Pulgarcita muy emocionada y con lágrimas en los ojos.
-No tienes nada que
agradecer- Contestaron al unísono.
Y dándose un gran
abrazo las cuatro entraron a casa para dar por terminada la hermosa fiesta de
la pequeña Pulgarcita
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